Viernes y regreso

Salgo del hotel, “chequeo-fuera” y guardo la maleta en la recepción. Alquilo una bicicleta y me dirijo al museo Van Gogh. Otra vez, mis indicaciones precisas no fueron suficientes. >.<

 

… o eso creía. En cuanto encontré la famosa avenida Damrak, la seguí calle abajo. Estaba muy muy muy muy transitada, y estaba lloviendo a ratos. Me metía de vez en cuando en calles estrechas con camiones de transporte bloqueándose entre ellos y ciclistas pasando como podían. Claramente la avenida ofrecía el camino más despejado. Pero si no arrancaba la bicicleta a los dos segundos de ponerse el correspondiente semáforo en verde, los demás me adelantaban o tocaban el timbre. Sin duda es más agradable que el claxon de un coche, pero ¡un respiro para un paleto friki! [suspiro] Cosas de las grandes ciudades.

Allá por las 12 andaba yo por un parque enorme que envolvía el museo Van Gogh. Tiene fuentes largas, diversas esculturas, y la marca “iamsterdam” en letras grandes. Y muchos, muchos turistas.

 

Paré en un quiosco y compré una fritura, cuyo nombre no recuerdo, rellena de un pescado que no supe identificar. Por estadística, diré que se trataba de arenque. Estaba bastante salado y cremoso. Mientras, hice cola en el susodicho museo, pero estaba llena de turistas y avanzaba lenta y dolorosamente; cada varios minutos. Al cabo de media hora me cansé. Visité la tienda de museos, y seguí paseando un rato.

Aquí empezó la desorientación. Me voy por una calle que tomé por correcta para volver a una zona conocida. No sé cómo, acabé en las afueras de Amsterdam.

   

Pasé por tal parque, por tal avenida, por tal puente… Acabé saliéndome de la ciudad. Avisté una autovía, y recorrí una larga ruta cicloturista. Lo que se dice perderse. ¿Mereció la pena? De nuevo: sí. No he visto prácticamente nada feo. Confirmo que los estilos arquitectónicos de Holanda me encantan, y que su gente me puede llegar a parecer muy agradable.

Dentro de la parte urbana sí, es otra historia. Como ya he dicho, todos tienen prisa (la que se puede tener con una bicicleta). El tráfico puede hacerse caótico, especialmente por parte de las bicicletas. Una vez salí con mi semáforo en verde, y al ser una bicicleta alquilada de paseo con freno de pedal, no fui capaz de parar a tiempo y choqué con un automóvil que atravesaba mi carril. Yo cumplí con mis normas; él no. Y la peor víctima fue mi bicicleta, a la cual se le torció el manillar. El coche ni se detuvo.

A las 17 conseguí volver a la ciudad, siguiendo los carteles orientativos a rajatabla (en cuanto me despistaba un poco, adiós, Titanio). Guardé a la ruta cicloturista y a Amstel en mis recuerdos, y devolví la bicicleta. El encargado no parece haberse fijado. Ya que me quedé sin museos, probé al menos a ir al Nemo Science Center, que estaba cerca. Cierran a las 17. FFFFFFFFFFUUUUUUUUUUUUUU-

   

Comí pollo al tandoori en un hindú-indonesio. Me gustaron especialmente sus patatas de gambas (creo) estilo Doritos, y me sirvieron muchísima guarnición. A las 18, con la maleta a cuestas, entro en la estación de trenes y, predeciblemente, viajo a Schiphol. Quería despedirme de esa encantadora voz de las locuciones, pero el tren no era de modelo Sprinter, sino uno más antiguo donde el conductor masculino se limitaba a decir por megafonía el nombre de la próxima estación.

Llegué al aeropuerto con tiempo de sobra. Sus puntos de acceso WiFi, mantenidos por KPN (lo más parecido a Telefónica en Holanda), ofrecían una hora gratis de internet. La azafata facturadora me contaba que vivía cerca de mi zona. Y el recinto era extenso, bien señalizado y con mucha publicidad. El avión salió a su hora, sin percances, con el único inconveniente de sentarme junto a un bebé. Y que, como estaba nublado, apenas pude ver Holanda desde el cielo, pero sí le pude echar un ojo a Francia. Llegué a la hora justa, mi padre me recogió en el aeropuerto, y vuelta a casa. Un viaje termina cuando regresas a tu hogar.

      

Y esta ha sido mi aventura por Holanda, sin entrar en detalles más aburridos. En cuanto se me ocurra cómo colocar una galería en WordPress, añadiré algunas fotos más. Y tengo algunos vídeos pendientes. El blog no se morirá aquí, de todas formas. Tengo más cosas que contar, pero me tomaré mi tiempo. [sorbo de ice tea]

¿Un resumen en dos palabras?

Quiero volver.

Quien quiera (y pueda) acompañarme, que se prepare.

Gracias por leerme y por hacerme caso en Twitter. [reverencia]

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Comentarios

  • ppzappa  On 12/07/2011 at 10:22

    ¡Bravo, Titanio!
    Leyéndote me doy cuenta de a quién he salido. Cuando sea (más) mayor, quiero ser como tú, pero no sé si ya podré.
    Y ahora mi inevitable comentario paternal: A Holanda hay que volver, su nivel de civilización es deslumbrante, pero una vez que vives allí, te das cuenta de por qué los holandeses, lo que desean, es venirse aquí a la menor oportunidad.
    Como (casi) decía Osgood: Nada es perfecto, pero (añado yo) hay que aprovechar lo positivo.

    ¡Tu padre! (O sea, servidor.)

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