Martes por la Mañana

La noche anterior, debido a un retraso del vuelo por problemas técnicos (menos mal que era directo), en lugar de a las 22 llegué a Amsterdam a la 1. Tras tomar un taxi (que me cobró 10€ por un trayecto de 30 segundos), llegar al hotel Y Boulevard, subir a la habitación, abrir la maleta, elegir la cama (5 para una habitación supuestamente individual), apijamarme, twittear que seguía vivo y acostarme, habré dormido unas 6 horas.

Desayuno un buffet que, entre otros elementos típicos en Europa, incluía un par de bizcochos bastante ricos. A falta de Cola Cao, buenos son cereales. Me duché, esperé a que la lluvia amainase, y salí a alquilar una bicicleta en la tienda recomendada por el hotel. Aunque mi experiencia con bicicletas es bastante escasa, supuse que una bicicleta de paseo con freno de pedal no me supondría ningún problema. Al arrancar por primera vez, mis piernas empezaron a descubrir nuevas fronteras. A los pocos minutos, lo mismo hicieron mis ojos.

Como ya sabéis la mayoría de mis conocidos, me desoriento con bastante facilidad (lo cual demostré con creces el viernes). Antes de emprender el viaje, me había redactado una ruta turística a seguir este día, empezando por el museo Casa de Rembrandt. En Google Maps todo parece fácil. Pero escribir “Salgo del hotel. Giro derecha al final de la calle.” sin indicar siquiera en qué dirección debía salir, y llevarlo a la práctica, no es recomendable.

Tras unas 2 horas dando vueltas y parándome para contemplar tal edificio, tal canal de agua o tal mercadillo y tomar fotos, volví de nuevo al punto de partida. La catedral de San Nicolás era mi punto de referencia, ya que se encuentra justo en frente de la estación Amsterdam Centraal. A partir de ahí llegar al hotel no costaba nada, teniendo en cuenta además que las calles están estupendamente adaptadas para bicicletas.

   

Allá por las 15 me paré en lo primero que vi parecido a un restaurante. Casualmente era el comedor Agora de la Universidad de Amsterdam. De alimento solo quedaba un bocadillo redondo vegetal con queso Camembert. Estaba rico, desde luego. La camarera era muy muy cordial, hablaba en inglés muy fluidamente, y cuando le mostré mi tarjeta de débito me contó un par de cosas sobre su uso en Holanda. Parece que no me iba a servir de mucho (al menos sin PIN). Mientras, me deleitaba escuchando a jóvenes holandesas charlando entre ellas o al móvil.

Después emprendí marcha de nuevo. Encontré por fin el museo de Rembrandt. Ya había pasado antes por ahí. *auto-facepalm* Entré sin mucho tiempo de sobra, y fue fabuloso. Una reproducción todo lo fidedigna posible de su casa, con sus obras, colecciones y talleres repartidos en 4 pisos. Por una vez pude aprovechar mi Carnet Jove, y la entrada me costó más o menos la mitad de lo habitual.

 

El museo ofrecía gratis una especie de reproductores con altavoz, con locuciones en distintos idiomas (incluyendo castellano) que servían de guía para cada sala importante. Todo un invento. Había también una exposición sobre sus grabados en papel, en el cual una artesana explicaba su original método con detalle, en un inglés lo más compatible posible.

Continuará.
Anuncios
Post a comment or leave a trackback: Trackback URL.

Puedes comentar. Es gratis.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: