El verano ha empezado. Las temperaturas ascienden. En varios puntos de este país han superado los 40ºC. A mayores alturas del verano lo normal es que yo, un friki amante del frío, empiece a derretirse; a perder poder cerebral y la poca iniciativa que tengo. Lo malo es que he perdido parte del comienzo, cuyo transcurso casualmente pasé en Holanda. Supongo que es el precio por una pequeña aventura llena de descubrimientos agradables.
Apenas han sido unos 4 días. Aún así hay demasiadas razones por las cuales no puedo limitarme a un simple artículo, o a un álbum en Flickr. Las cientos de fotos que he tomado no son suficientes para expresarme. Quedaría en un “era muy bonito y me lo he pasado muy bien”. Una oración tan sencilla no le haría justicia a semejante nación. Ni dos.
Sumémosle a eso que ha sido mi primer viaje solo. … Sí, fui medio día a Formentera y un día a Barcelona, pero no cuentan. Además, ha sido la segunda vez que viajé al extranjero (siendo Portugal el primer afortunado, hace 9 años). No, no he viajado mucho en mi vida. Es lo que tiene estar empleado o no, y encontrar vuelos baratos.
Como he ido solo, he explorado por mi cuenta, no me he limitado a las típicas atracciones turísticas, y tenía unas expectativas altas puestas en Holanda, tengo muchísimo que contar. Muchísimo que detallar. Muchísimo que mostrar. Muchísimo que comparar con España. Y quiero que cualquiera pueda leerlo. Por eso abro un blog como este, desde el cual repartir amor y patatas fritas.
Procuraré servirlo todo en dosis medianas. Voy a tener para una semana, como mínimo, teniendo en cuenta que hago más cosas en mi vida y que siempre tengo otros proyectos y aprendizajes (sin abusar) y una pésima capacidad de organización y concentración. … Y una larga lista de videojuegos pendientes.
Espero que vuestro paso por mis experiencias os resulte agradable, y quizás envidiable. En caso contrario, lo siento; esto es lo que hay.
De momento respondo a esta pregunta: ¿pienso volver a Holanda?
Por supuesto.
Si es para siempre, mejor.